Viernes 24 de Noviembre del 2017

HACIA LA SUBVERSION ÉTICA Y DEMOCRÁTICA – II

HACIA LA SUBVERSION ÉTICA Y DEMOCRÁTICA – II : Recursos creativos imprescindibles

Sobre la conciencia necesaria
Los estudiantes chilenos han demostrado ser poseedores de una conciencia más avanzada y liberadora que el resto de los chilenos. Han sido los primeros en impugnar con decisión y claridad una realidad de la cual son víctimas y que les ha sido impuesta por las generaciones anteriores. Su rebelión, iniciada en 2006 por los “pinguinos”, ha tenido un importante efecto sobre la ciudadanía “adulta”, la que se ha visto inspirada a justificadas movilizaciones regionales o puntuales que han constituído una excepción en la vida nacional de los últimos tiempos. En general, el mundo adulto tiene la tendencia a ser conciliante con la realidad que lo humilla, que lo explota, que lo hace infeliz y que lo ha convertido en un conglomerado de corderos controlado por lobos. Son pocos los que piensan políticamente de modo personal y espontáneo y analizan los orígenes y las perspectivas de sus actuales condiciones de vida.

En nuestro artículo anterior (“Hacia la subversión ética y democrática”) hemos intentado un llamado a la adormecida conciencia política que acepta la existencia de todos los problemas e injusticias que la agobian. Todavía constituye un universo menor el de aquellos compatriotas que se dan cuenta de que es su propia conciencia, el único factor y el único instrumento que puede modificar la realidad. La resignación y las maldiciones de nuestros ciudadanos cumplen ya 40 años de inutilidad. Nada puede ocurrir en el mundo de afuera, si no ocurre antes en el mundo interior. En el de la conciencia.

Cualquier modificación de las circunstancias sociales exteriores, debe iniciarse en el corazón y en la mente de los propios ciudadanos. Por ello, se advierte como indispensable, primero, crear esa conciencia individual y luego, nacional sobre nuestro derecho ciudadano a re-instaurar y a perfeccionar todas aquellas facultades soberanas que nos fueron cercenadas en los infaustos años de 1973 y 1980. Al mismo tiempo, crear la conciencia de que tal re-instauración es posible, a pesar de todos los obstáculos políticos, legales, sociales y prácticos que se anteponen. Estos pueden parecer muy grandes y hasta insalvables, pero no son tan importantes como la conciencia de que deben, pueden y serán superados. Cada problema, indiferentemente de su carácter y de su envergadura, lleva en sí implícita, su solución. La cuestión es encontrarla. Lo que necesitamos es una clara y decidida conciencia para afrontar todos los obstáculos.

Sobre la Constitución Infame
Hay una importante mayoría nacional que no advierte plenamente que la realidad de la cual se queja tiene un solo punto de partida, un solo núcleo fundacional: se llama Constitución Política de 1980. Aquí la llamaremos la Constitución Infame. Y constituye una vergüenza grotesca, que sólo algunos chiflados, como el autor entre otros, sean de los pocos que llevamos años majadereando monotemáticamente sobre esta escandalosa verdad.

La razón es que la Constitución Infame es mucho más que un texto constitucional y sería largo de exponer por qué en este artículo. Solo diremos, que es expresión documental del odio de clase conservador y su objetivo esencial, apartar a las grandes mayorías de la ciudadanía del ejercicio de la soberanía nacional y del poder político. Las desdichas ciudadanas surgen y se plasman pues, allí, nada más que allí, porque ni la opinión ni los derechos ciudadanos están incluidos ni en su espíritu ni en su letra. Pero esto cuesta mucho entenderlo, asimilarlo y convertirlo en conciencia. Muchos ciudadanos siguen creyendo ingenuamente que vivimos condiciones políticas y sociales duras, pero normales, por el hecho de que las instituciones existen y de algún modo “funcionan” o porque existen elecciones periódicas, presidenciales o de otro tipo.

Más aún, algunos creen que tales procesos eleccionarios pueden corregir las cosas, porque habría políticos con muy “buenas y sanas intenciones”. ¡Mayúscula idiotez! Tales ilusorias intenciones no han conducido a ninguna parte, no sirven de nada, ni siquiera aquellas supuestas que se le atribuyen a la sacrosanta candidata Michelle Bachelet. No se puede volar libremente cuando el piloto automático señala un rumbo inamovible y no hay voluntad de interrumpir su funcionamiento. Tal normalidad política y social, simplemente no existe. Y ningún cambio en orden de los intereses de la ciudadanía puede ocurrir mientras siga existiendo la Constitución Infame, ningún cambio puede ocurrir mientras éstos no sean concebidos, elaborados y decididos por ella misma, nunca por sustitutos. Lo que se anuncie en contrario es sólo una falacia más, es manipulación, puro embuste.

Sobre la acción necesaria
Pero, no basta con “hablar” de asamblea constituyente, de Constitución Democrática, de plebiscitos. Estas aspiraciones, estos proyectos, no serán un regalo caído del cielo de los lobos, pues éstos se oponen ferozmente a ellos con dientes, garras y artimañas. La lucha por su logro y consolidación será dura y sostenida. La resistencia ciudadana al modelo y a sus consecuencias, se extiende de norte a sur del país, pero carece de organización, de líderes, de programa, de voz. En lo práctico, no existe. La maquinaria del poder derechista funciona en cambio perfectamente para los efectos de su dominación. Ahora debemos constatar que, dando un paso atrás, varios de los héroes estudiantiles que asumieron un importante rol como interlocutores ciudadanos frente al poder, han optado equivocadamente por incorporarse al sistema, con el incierto propósito de intentar modificarlo desde dentro, aunque los datos de la realidad nos dicen que no existen condiciones para ello, actualmente. Al contrario, todo nos dice que cualquier cambio trascendental en el modelo de poder sólo podrá lograrse a través de la resistencia y de la fuerza política ejercida desde fuera del sistema.

Está suficientemente claro que el resultado de la próxima elección presidencial y parlamentaria no acarreará ningún cambio de trascendencia en el escenario político y social. Ya sea que gane la derecha o Michelle Bachelet, la condición de servidumbre y subordinación de la ciudadanía a la Constitución Infame y al dominio político y económico de los lobos, se mantendrá fundamentalmente invariable. (Los anuncios recientes de Bachelet sobre Constitución y reforma tributaria, hasta este momento no contradicen en nada esta aseveración). Parece pues apropiado abstraerse de un proceso eleccionario inútil para concentrarse en la creación de estrategias políticas que permitan llevar adelante un proceso de lucha que va más allá de la próxima elección presidencial.

La subversión ética y democrática debe erigirse en el objetivo de una movilización social sin colores partidarios, la que debe aspirar a aglutinar a la gran mayoría ciudadana tras un modelo político de poder auténticamente soberano y democrático. Los mismos estudiantes tendrán que admitir en algún momento la necesidad de re-enfocar sus demandas netamente educacionales para dirigirlas hacia la única causa de ellas y conformar un solo movimiento nacional de reivindicación junto a otros sectores sociales. La lucha debe realizarse en todo momento desde fuera del sistema, única forma de consolidar su condición independiente, su credibilidad, su eficacia y su fuerza ciudadana. Ha llegado el momento de ir desde la etapa de las denuncias, de las reflexiones y las lamentaciones, a la del qué hacer, es decir, pasar a la acción.

Si tenemos claro que la lucha es fundamentalmente pacífica y democrática, que sus objetivos son constructivos y solidarios y que la razón y la moral están de parte del Chile segregado, surgirán mil y un recursos inteligentes para desarrollar la subversión ética y democrática, convocando con ellos a toda la ciudadanía marginada de sus derechos y posibilidades de desarrollo. La inteligencia y la creatividad son fuerzas de cambio muy potentes cuando están al servicio de objetivos nobles y transformadores. La proposición anticipada de recursos creativos para la acción, incluso anteriores a cualquier tipo de organicidad, puede ser no sólo útil sino también un factor dinámico de la creación de conciencia y, consecuentemente, de la lucha. Ese es el sentido, de las sugerencias que se entregan a partir de este escrito.

Primer recurso:
Un ritual concientizador

¿Dónde empezar? Quizás habría que hacerlo activando nuestra propia conciencia de lucha y de cambio. Una buena manera de consolidar esta conciencia es aprehenderla firmemente con el cerebro y el corazón al mismo tiempo que nos ponemos en movimiento. Para ello propondríamos una acción muy simple, simplísima, pero muy efectiva, de una gran repercusión interior y de un enorme significado político. Hela aquí: Se trata de tomar un ejemplar de la Constitución Política de 1980, salir a la puerta de nuestra casa, es decir a la calle y allí, en la vereda, con la mayor solemnidad posible, prenderle fuego y convertirla en cenizas. Si pareciere conveniente, se puede pronunciar algunas palabras que refuercen la acción. Nada más, nada menos. Si no se tuviera un ejemplar de la Constitución Infame no importa, se puede tomar un par de hojas de papel en blanco y sobre ellas escribir con un rotulador: “Constitución Política de 1980”, lo que interesa es el simbolismo del acto. Si no quieres hacerlo solo/a, mejor, pues puedes invitar a participar de la ceremonia a tu vecino, a tus amigos o familiares. Debiera realizarse preferentemente fuera de casa, pues no es un acto doméstico, es un acto de toma de posición, de carácter público y político. Si quieres, después puedes celebrarlo.

He aquí cómo -con un simple gesto ceremonial- consolidarás en ti definitivamente una nueva conciencia cívica, un punto de partida hacia el cambio. Este gesto será tu declaración de guerra al “manual para la expoliación nacional” y al sistema de opresión que le es propio y te preparará para nuevas acciones emancipadoras. La focalización del poder de la mente y la fuerza del corazón en un sólo objetivo puede obrar milagros. Particularmente si la acción propuesta se multiplica a lo largo del país de modo potente y va estructurando una voluntad única en contra de la antidemocracia establecida documentalmente allí. Podríamos señalar como deseable que cada acto público de protesta, cada movilización social a lo largo del país, fuera iniciado con una ceremonia de quema de la Constitución Infame que refrendara el rechazo ciudadano a la juridicidad y al orden que la oprime.

Imagínenos por un momento el efecto que podría tener en la realidad social y política nacional, si en una etapa más avanzada de conciencia y organización, un millón de chilenos pudieran salir a la calle simultáneamente a lo largo del país a realizar el simple acto de prender fuego públicamente a la Constitución Infame. No sería aventurado asegurar que un rechazo tan masivo, un acto de protesta tan fenomenal, podría ser la chispa que encendiera realmente la pradera nacional y pusiera en marcha la auténtica revolución ética y democrática. Como anécdota al margen, quizás podríamos constatar cómo los jovinos, moreiras, larraines, espinas, mattes, escalonas y otras razas de lobos feroces, perderían el pelo y hasta los dientes, de pura ira y espanto, ante tal demostración de fuerza ciudadana. Y que todo esto ocurriría sin ofender ni lastimar a nadie.

He aquí un recurso creativo inicial de poderosa eficacia para activar la conciencia subversiva. § (Continúa)
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