Jueves 17 de Octubre del 2019

Compañero Presidente

 

Compañero Presidente



Compañero Presidente:

¡cuanta falta nos haces!

 

Afirman por ahí,

algunos que te acompañaban,

que vivimos nuevos tiempos,

que la modernidad es presente,

que no se puede vivir del pasado,

que hay que renovarse y renovarse,

que estábamos errados,

que hay que enmendar… enmendar…

 

Que no se puede hablar siempre

ni de los pobres, ni de las injusticias,

ni de un reparto justo de las riquezas,

ni de la salud, ni de los niños,

ni de la educación,

ni de los trabajadores,

ni de los sin casa, ni de los allegados,

ni del reparto de la tierra,

ni de recuperar la propiedad de los minerales,

ni de nada que altere el orden y la convivencia.

 

Compañero Presidente:

¡nos hace falta el metal tranquilo de tu voz!

 

Sostienen con gran afán

algunos que se declaran seguidores de tu verbo,

que hay que tener paciencia,

que nada se puede lograr de un día para otro,

que la libertad se logra en el mercado,

que la dignidad es cosa de románticos,

que al torturador hay que perdonarlo,

que hay que vivir con los vivos

y no con el recuerdo de los muertos,

que somos los tigres de América,

que los pueblos se rigen por el mercado,

que el mercado es todo,

que el mercado, que el mercado…

 

Compañero Presidente:

¡nos hace falta tu voz y tu vida consecuente!

 

Prestos están muchos

de los que se afirman en tu nombre,

a negar lo que sostenías y defendías.

El programa popular y las cuarenta medidas

les producen: ulticaria económica,

alergia filosófica y dudas metafísicas,

angustias existenciales y pavor doctrinario,

miedos, temores, temores, miedos…

 

Entonces, acuden a la razón de la sin razón,

enarbolan los fusiles del entendimiento

en los campos de la guerrilla etílica,

y vistiendo los trajes de la traición,

administran economías de mercado,

y niegan y reniegan de Marx y de Fidel.

Si ayer adoraban el Socialismo,

hoy veneran las estrellas estadounidenses.

¡Tiempos de renovación, tiempos de traición!

 

Compañero Presidente:

¡Cuánta falta nos haces!

 

Las anchas alamedas aún no se abren.

Hay que desbrozar las sendas y alzar tu figura

más allá de nuestras propias vidas.

Hay que limpiar las filas de los desposeidos

y reivindicar el derecho de los oprimidos.

Los frutos del trabajo y de la tierra han de ser de todos.

A cada familia su techo y su pan,

a cada niño su juego, a cada hombre su trabajo,

a cada pueblo su espacio, a cada anciano su descanso.

 

Compañero Presidente:

 

en un tiempo no lejano… ¡Venceremos!


Lautaro Cotal Rojas

 

 

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