Martes 09 de Agosto del 2022

Y llegó septiembre

 

Y llegó septiembre

Veníamos escribiendo insistentemente sobre el 4 de septiembre de 1970 y su trascendencia en la historia de nuestra nación. El tema es tan antiguo como los 50 años que se cumplen el 4, de cuando empezamos a defender y poner en práctica el programa que nos llevó a ese triunfo y que continuamos destacando ante la solidaridad internacional que se nos brindó durante la dictadura. Y medio siglo no es poco. Por ello, hace algo más de un año patrocinamos encuentros en nuestro local con el objeto de conmemorar el origen de esos cinco decenios luchando por la dignidad que el golpe del 73 intentó arrebatarnos. Empero, el estallido social de octubre pasado cambió el horizonte de la atención hacia lo que acontecía. Es entonces que consideramos necesario llamar la atención sobre el nexo existente entre el triunfo electoral de la Unidad Popular y el desarrollo de los hechos que nos condujeron al momento que vivimos ahora: gracias a la movilización de nuestro pueblo estamos a las puertas de un plebiscito que debió realizarse hace 47 años -ver la nota “Se nos vino septiembre III”.

Lo logrado por el estallido social y postergado por la pandemia del Covid19 -el plebiscito- se llevará a cabo del 25 de octubre de todas maneras, lo que ha dado lugar a que muchos -incluso el autor de estas líneas- hallamos deseado ver que las grandes alamedas anunciadas por Allende abiertas por el “apruebo” y la Asamblea Constituyente que lo acompaña. En verdad, no es tan así, creemos que sólo se abrirán cuando logremos la Constitución que asegurará la dignidad de nuestro pueblo y contemple todos sus derechos y deberes. Y lograr eso es un largo proceso, más bien un sinuoso camino, por el que debemos transitar muy alertas una vez asegurada esa Asamblea. No olvidemos que nuestros oponentes son expertos en desvirtuar los contenidos de las propuestas.

De ahí que el llamado a participar en el plebiscito sea perentorio, como para que se sienta realmente que del votar depende el futuro de nuestro país y no sólo de los que vivimos el golpe. El “apruebo” del 25 de octubre abre el camino para avanzar con la Asamblea Constituyente, pero como dijo Churchill ante el éxito del desembarco en Normandie: “es solo el fin del comienzo”. Y no se trata sólo de retomar el camino trazado por Salvador Allende, sino de derrotar y limpiar al país de todo resto del neoliberalismo que lo asesinó y arrasó con los derechos de nuestro pueblo.

Nuestro inolvidable 4 de septiembre de 1970 está siendo recordado en diversas instancias y en todas las latitudes, será conmemorado en seminarios, actos virtuales, artículos y de seguro, más de una publicación. No se trata de nostalgia o romanticismo, es poner en práctica el sabio principio de la imposibilidad de avanzar sin considerar el trasfondo histórico de lo que se debe cambiar, que es de donde se salen las ideas que impulsan el avance y se alojan las que deben ser superadas. En otras palabras, no se puede superar los problemas sin saber por qué y para qué se actúa.

De aquí al 25 de octubre promoveremos el votar en el plebiscito aclarando lo que un “rechazo” implicaría y haciendo presente de que cada abstención es un voto para la reacción y recordando que en el “Chile despierto” se acabó el apoliticismo. Y recordando también que a partir del 4 de este mes Allende estará más presente que nunca, acompañándonos en la generación de la nueva Carta Magna.

A no perder un solo voto el 25 de octubre
 

Germán Perotti

31.08 2020

 

 

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