Miercoles 18 de Septiembre del 2019

En el mes de penas y glorias

 

En el mes de penas y glorias

Hay una dimensión que, de seguro, se acentúa en la tercera edad y tiende a predominar en las acciones: la nostalgia. Puede venir acompañada de otra forma de ver la vida: la sorpresa de haber visto tanto. Para los chilenos el mes de septiembre despierta esos sentires. Conmemoramos y celebramos; los más antiguos añoramos.

El 4 de septiembre recién pasado fue de nostalgias, celebrábamos en Estocolmo nuestro triunfo electoral de 1970. No pocos entre el público que habíamos vivido esa experiencia. A la vez, estábamos algo sorprendidos, falta apenas un año para que se cumpla los 50 años de esa gloriosa fecha. El sábado 14 la embajada chilena celebró con los compatriotas residentes el 18 por adelantado. Y por la tarde, músicos amigos peruanos nos transportaron a nuestra juventud con la música latina que interpretan, abriendo otras nostalgias en el Café Concert de la Federación Víctor Jara, actividad que mostró el poder internacionalista de la música con el ambiente generado tanto ellos como la voz incomparable de nuestra querida Beatriz Piñeda invitada por nuestros hermanos peruanos. ¡Memorable tarde!

Lo que comentamos sobre el 4 y el 14 de este mes son buenas muestras del ánimo que va en crecimiento y no solo se aprecia entre los que no estamos en el terruño, también en la juventud, e incluso nuestra generación, en la patria y van alzando la protesta contra los “tiempos deteriorados”, para constituir la fuerza que terminará con la dictadura del capital, impuesta en otra fecha de septiembre: el fatídico 11 del mes de las penas en 1973.

Los que lo vivimos sabemos que el 4 de septiembre de 1970 fue un día memorable que abrió esperanzas no sólo en los chilenos, sino el mundo entero, de alcanzar justicia y valor en la vida de los pueblos y abrió la puerta a la recuperación pacífica de la independencia y la dignidad nacional a partir de un programa de profundo contenido humanista.

Se habla de retomar la senda insinuada por el programa de la Unidad Popular con Salvador Allende al timón. Es en este plano en que las nostalgias, tan festinadas por los que piensan que el mundo avanzó con el neoliberalismo, juegan un rol fundamental: el contenido humanista de lo que intentamos entonces que sigue vigente. Lo que surge hoy es que enfrentamos en nuestro continente el avance de los que añoran lo hecho por Pinochet e intentan reeditarlo apoyados en un imperialismo en decadencia y desesperado.

Y en esto de despertar las nostalgias, habrá que pensar dónde poner el acento. No es copiar lo que éramos, hay demandas hoy que se suman a las reivindicaciones clásicas, como son los avances de la lucha de la mujer o lo que la suequita Greta dice tan enfáticamente: “el recalentamiento de la tierra es un hecho concreto” (traducción mía). A estos temas que no eran tan “calientes” del pasado de medio sigla atrás se suma la virulencia del capitalismo, envalentonado por los Bolsonaro, los Macri y los Piñera, empecinados en sostener lo imposible: su propia caída y la de ellos.

Nuestro paso siguiente, con modestia y sin absurdas metas, es seguir reuniendo la fuerza para construir la unidad de los que van a abrir “las grandes alamedas”. Una buena

herramienta para ello es recordar ese 4 de septiembre de 1970 y la puesta en marcha del programa triunfante ese día, buscando su adecuación a las demandas del momento y dándole motivación a nuestras nostalgias.

Germán Perotti

15 de septiembre, 2019

 

 

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