Sábado 20 de Abril del 2019

Gabriela Mistral, una americana genuina

 

Gabriela Mistral, una americana genuina


Se conmemoran 130 años del nacimiento de Gabriela Mistral, primer premio Nóbel de literatura otorgado a una persona de origen latinoamericano. El segundo latinoamericano que lo obtuvo fue Pablo Neruda. Después han venido otros no menos importantes.

Estos dos chilenos universales comparten en común un intento de las burguesías chilenas de negar de algún modo su importancia ocultando en el caso de Gabriela toda su posición política sobre los problemas sociales que azotaban a nuestro país y a los países latinoamericanos y en el caso de Neruda atribuyendo su creación poética a ordenes del partido comunista en el cual militaba.

Así fue como en Chile hubo una época en que lo único que de ella se conocía eran sus rondas infantiles, los sonetos de la muerte, los piecesitos de niño que estaban en algunos textos escolares y que hoy dificilmente se encuentran en ellos. De sus escritos en prosa sólo los más interesados tenían conocimiento de sus textos. Para qué decir que demoraron seis años en otorgarle el premio nacional de literatura. En el caso de Neruda reconocían los 20 poemas de amor y del resto decían que perdía valor por ser una poesía política. Incluso un traidor de triste recuerdo le persiguió y otro que inauguró una nefasta dictadura parece estar involucrado en su muerte.

Hoy, cuando los chilenos escuchan en los medios de comunicación tantos términos extranjerizantes y la masa los sigue como si fuese lo que más nos da status de universalidad es bueno recordar un texto de ella llamado "El grito"

"¡América, América! ¡Todo por ella; porque nos vendrá de ella desdicha o bien!

Somos aún México, Venezuela, Chile, el azteca-español, el quechua-español, el araucano-español; pero seremos mañana, cuando la desgracia nos haga crujir entre su dura quijada, un solo dolor y no más que un anhelo.

Maestro: enseña en tu clase el sueño de Bolivar, el vidente primero. Clávalo en el alma de tus discípulos con agudo garfio de convencimiento. Divulga la América, su Bello, su Sarmiento, su Lastarria, su Martí. No seas un ebrio de Europa, un embriagado de lo lejano, por lejano extraño, y además caduco, de hermosa caduquez fatal.

Describe tu América. Haz amar la luminosa meseta mexicana, la verde estepa de Venezuela, la negra selva austral. Dilo todo de tu América; di cómo se canta en la pampa argentina, cómo se arranca la perla en el Caribe, cómo se puebla de blancos la Patagonia.

Periodista: Ten la justicia para tu América total. No desprecies a Nicaragua, para exaltar a Cuba; ni a Cuba para exaltar la Argentina. Piensa en que llegará la hora en que seamos uno, y entonces tu siembra de desprecio o de sarcasmo te morderá en carne propia.

Artista: Muestra en tu obra la capacidad de finura, la capacidad de sutileza, de esquisitez y hondura a la par, que tenemos. Exprime a tu Lugones, a tu Valencia, a tu Darío y a tu Nervo: Cree en nuestra sensibilidad que puede vibrar como la otra, manar como la otra la gota cristalina y breve de la obra perfecta.

Industrial: Ayúdanos tú a vencer, o siquiera a detener la invasión que llaman inofensiva y que es fatal, de la América rubia que quiere vendérnoslo todo, poblamos los campos y las ciudades de sus maquinarias, sus telas, hasta de lo que tenemos y no sabemos explotar. Instruye a tu obrero, instruye a tus químicos y a tus ingenieros. Industrial: tú deberías ser el jefe de esta cruzada que abandonas a los idealistas.

¿Odio al yankee? ¡No! Nos está venciendo, nos está arrollando por culpa nuestra, por nuestra languidez tórrida, por nuestro fatalismo indio. Nos está disgregando por obra de algunas de sus virtudes y de todos nuestros vicios raciales. ¿Por qué le odiaríamos? Que odiemos lo que en nosotros nos hace vulnerables a su clavo de acero y de oro: a su voluntad y a su opulencia.

Dirijamos toda la actividad como una flecha hacia este futuro ineludible: La América Española una, unificada por dos cosas estupendas: la lengua que le dio Dios y el dolor que da el Norte.

Nosotros ensoberbecimos a ese Norte con nuestra inercia; nosotros estamos creando, con nuestra pereza, su opulencia; nosotros le estamos haciendo aparecer, con nuestros odios mezquinos, sereno y hasta justo.

Discutimos incansablemente, mientras él hace, ejecuta; nos despedazamos, mientras él se oprime, como una carne joven, se hace duro y formidable, suelda de vínculos sus estados de mar a mar; hablamos, alegamos, mientras él siembra, funde, asierra, labra, multiplica, forja; crea con fuego, tierra, aire, agua; crea minuto a minuto, educa en su propia fe y se hace por esa fe divino e invencible.

¡América y sólo América! ¡Qué embriaguez semejante furturo, qué hermosura, qué reinado vasto para la libertad y las excelencias mayores"

( Escrito en 1922, Santiago, Chile. En Recados para América Textos de Gabriela Mistral. Mario Céspedes.Revista Pluma y Pincel/ Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, 1978)

Brota en las palabras de Gabriela un sentimiento americanista del que carecen las burguesías nacionales empeñadas en ser obedientes a los dictados del imperio y en destruir todo intento de unidad latinoaméricana. Para ello recurren a Dictaduras cuando los pueblos imponen gobiernos fieles a ellos y no dispuestos a ser motejados de serviles que besan la bota sucia que les humilla por un puñado de dolares.

Lautaro Cotal Rojas

 

 

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