Lunes 24 de Julio del 2017

De la decepción al desafío

 

De la decepción al desafío

Esperé una semana datos que morigeraran mi desaliento. No si mis datos son del todo actuales, pero sí bastan para despertar mis conjeturas. No más de un 0.15% (6555, según SERVEL) de los más de 480.000 chilenos residentes en el extranjero, ejerció su derecho a voto en las primarias del 2 de julio recién pasado. En Estocolmo, apenas 127 compatriotas se tomaron la molestia, al parecer, bastante menos de los que, habiendo efectuando su cambio de domicilio, habría mostrado intención de votar – así creíamos nosotros. No me he encontrado con los datos de Gotemburgo, deben ser igual de bajos.

Era la primera vez que los chilenos en el exterior pudimos hacer uso de ese derecho, tan anhelado y por el cual se trabajó intensamente durante los últimos 10 años.

Desgraciadamente, diría yo, se trató de una “primaria”. Ese circo preelectoral en que aliados y compañeros de partido se tiran panqueques y tortas a la cara entre ellos y terminan jurándose apoyo una vez realizada la votación. Todo tan parecido a la jugarreta democrática que llevó al poder al payaso arrogante del imperio. (Dejo para otra ocasión mis objeciones a las primarias en si, ahora son parte del sistema, pero me da cierta alegría que mi candidato no se viera obligado a participar). Y reconozco también que alguna visión acerca de “cómo va la mano” entregan estas parodias, que también son parte de las causas del cansancio mundial, no solo chileno, por las maneras de hacer política al gusto del capital.

Otra lección que nos deja la baja participación en el exterior es: a estas alturas solo hemos logrado el reconocimiento de nuestro derecho, pero nos va a costar un largo período ganar condiciones para su verdadera implementación. El voto por correo, como lo implementa Suecia, o el electrónico, ahora que la tecnología lo hace posible, son soluciones para las cuales debemos romper la mentalidad burocrática, llena de desconfianzas, que predomina en nuestra aporreada democracia nacional. ¿Y quién es capaz de tamaña hazaña?

A lo mejor nos corresponde a los que partimos con el tema desde que salió Pinochet de La Moneda. Porque el derecho a voto fue parte de lo que dimos en llamar “El pliego del Exilio”. Documento que resumía las aspiraciones del exilio cuando se vislumbró que el sol de la democracia empezaba su propia alba (y todavía no amanece del todo).

Y ese sería el gran desafío hoy: junto con trabajar porque no sea el pinochetismo el que vuelve al poder -y electoralmente para colmo- debemos vencer la abstención, tanto en Chile, como entre nosotros en el exterior.

En otras palabras, necesitamos enlazar los avances logrados en el segundo gobierno de Michelle Bachelet con el programa que presenta la candidatura de Alejandro Guillier y trabajar duro para que no solo gane las elecciones, sino que muchos

electores reticentes se sumen, entendiendo que ese es el camino para avanzar hacia una sociedad chilena más humana, justa, equitativa, verdaderamente democrática y solidaria.

Por las noticias que me llegan indirectamente donde estoy asentado estos días, me da la impresión de que en Suecia no ha prendido la campaña por nuestro candidato como en otras oportunidades y sí ha ocurrido en otros países. No es mucho el tiempo que queda de acuerdo con los procedimientos actuales y una vez terminada la batalla de los panqueques. Ahora hay cuatro candidatos, dos mujeres y dos hombres. Lo que indica que habrá dos vueltas. Transformar la primera vuelta en otra parodia de panqueque es suicida.

Aunque sea virtualmente, avancemos en la campaña, preparemos nuestros textos para que salgan convincentes. Y empecemos una vez por todas a conversar con los 50.000 chilenos repartidos en estos fríos escandinavos.

Germán Perotti

10 de julio, 2017

 

 

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