Viernes 19 de Enero del 2018

Nos encontramos nuevamente en el Café

 

Nos encontramos nuevamente en el Café

Esta vez no fue cruzando el puente. El Café vino a nosotros desde las playas del Mediterráneo, más precisamente desde Torrevieja. Traía un café negro, con algo de leche y azucarado, y los envases de ese tradicional endulzante también, con sus citas apropiadamente comentadas. Nos lo trajo un poeta legendario del exilio, Roberto Armando Farías Varas, de Södertälje cuando lo conocimos, pero oriundo de Quinta Normal, si no me equivoco. El recién pasado jueves 4 de enero tomamos apenas una muestra de ese café… muy bueno por lo demás. Fue en uno de los más cálidos eventos realizados en “la casa de Víctor Jara” de Estocolmo, apenas tres días de iniciado el año en que volveremos a ser oposición, día de lluvia intensa y fría que no impidió la asistencia.

Lo cálido del encuentro deviene en parte de un fenómeno que se viene perfilando desde hace un par de años: cuando se unen los esfuerzos y el trabajo de la Federación Nacional Víctor Jara, su Taller Literario; de Archivo y Biblioteca Chile en Suecia y colaboran Enrique Durán con su “Fugamar”; Lautaro Cotal y Lucho Farías con sus condiciones natas para recitar o leer textos, lo menos que se puede decir es que la calidad del encuentro se eleva a estratos superiores, el mensaje llega y todos nos vamos a casa “mejorados y contentos”. Esta vez se agregó al éxito la presencia del carisma del mentado poeta, hoy exitoso prosista y pensador de lo humano y lo divino.

Gran escritor ese Roberto, no olvida por ningún momento su origen proletario, lo sabe transformar en necesario saber cultural. Además, me hace recordar una sentencia de mi padre: “al buen artista se le reconoce por su modestia”. Su simpatía lo hace alivianar la solemnidad de la literatura, pero comprenderla mejor. Roberto Farías nos iluminó lo negro del exilio con su poesía limpia que “llegaba al corazón” y su permanente sonrisa. De seguro, de todos los chilenos que emigren de Suecia, sea para retornar al terruño o recogerse a “la flojera merecida” como él llama a la jubilación, va a ser el único que se despide de la ciudad que lo acogió en su exilio con un diálogo teatral que es mezcla de nostalgia, cariño y reconocimiento. Trabajador asalariado como lo fue toda su vida a sueldo no se queda en merecimientos: eso de “flojera merecida” lo ha transformado, como decíamos, en prosista. Al parecer, no trabaja solo con las citas de los papelitos de azúcar, el Café famoso, al que llega con solo cruzar la calle, está llenos de citas humanas, parece haberse transformado en un personaje imprescindible. Está lleno de actividad, y lo vemos transformándose en autor teatral.

Esta vez pudimos presentar una versión “corregida y aumentada” de las “Citas de Café” originales, no eran más de 10, hace un par de años, nos llenaron de alegría por su originalidad. De la nueva, no hemos podido gozar más que del par leído por nuestros actores. Ahora nos corresponde leer los nuevos comentarios de Roberto. Y, por supuesto, escribir más adelante sobre ellos, por que se hace imprescindible difundir su sabiduría.

Germán Perotti

A 90 días de entrar a la oposición.

 


 

 

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