Martes 18 de Junio del 2019

DEMOCRACIA”, con mayúscula

DEMOCRACIA”, con mayúscula 
 1a parte

Por: Hernán Montecinos


Recientemente estuvo de paso en Chile Thomas Wood, experto en historia y política estadounidense. Sus opiniones difundidas por la prensa aparecen categóricas y provocativas. Para este intelectual, las supuestas diferencias entre el republicano John McCain y los demócratas Barack Obama e Hillary Clinton son sólo meras apariencias, y nada más que eso. No existen ni en sus ideologías ni en sus pensamientos verdaderas alternativas que se contrapongan, salvo algunos ligeros matices formales pero que no apuntan al corazón de la política imperialista que sustenta Estados Unidos hacia el resto del mundo

Para dar más fuerza a su opinión, este politólogo estadounidense, rubrica: "Esta elección muestra la farsa que es la democracia en EE.UU." Para este experto, los tres aspirantes a la Casa Blanca son clones. Sea quien sea el triunfador de las presidenciales de noviembre en EE.UU., las cosas no cambiarán demasiado ni en política exterior, ni en economía, ni en la política interna, asegura Thomas Woods,

Este análisis tiene significativa importancia porque no proviene del juicio de un estadounidense de izquierda o progresista como, por ejemplo, Noam Chomsky o Jaime Petras. En efecto, Woods ni siquiera titubea al hacer afirmaciones tan categóricas como éstas, aún pese a ser un connotado ciudadano de ideas conservadoras y por antonomasia, un votante declarado pro republicano. Alega muy seguro que las alternativas que hoy tienen los estadounidenses, no son reales opciones. Los tres son candidatos que pertenecen a la clase política dirigente que en términos generales, no quieren hacer mayores cambios a la economía, el aborto, el sistema de impuestos, ni la presencia militar en el exterior.

Woods, autor de varios libros sobre historia de EE.UU., reclama que Obama aparece como el candidato antiguerra, pero además de prometer sacar las tropas de Irak -algo de lo que tampoco tiene certeza, apunta- no tiene intenciones de retirar los contingentes que hay en unos 130 países. Mientras que Hillary y McCain votaron a favor de la invasión a Irak, pese a las supuestas y débiles pruebas que Bush presentó ante el Congreso para que le avalaran su nuevo acto de piratería (Petróleo), disfrazado bajo el derrocamiento del dictador Saddam Hussein.

"¿Dónde está la decisión de los votantes en esta elección? Supuestamente EE.UU. es la gran democracia en el mundo, pero los candidatos son clones unos de otros. No hay una verdadera posibilidad de elección", dijo Woods a "El Mercurio" en una entrevista durante su visita a Chile para realizar unas charlas en la Universidad Gabriela Mistral.

"Esta elección muestra el tipo de farsa, de estafa que es la democracia estadounidense. Y que este régimen se atreva a presumir y a dar clases al resto del mundo sobre cómo sus países deben ser manejados es la guinda de la torta", añadió Woods, académico del Ludwig von Mises Institute, en Alabama.

Ahora bien, no deja de tener razón este gringo en sus contundentes afirmaciones porque un acabado estudio del sistema político norteamericano tiene que llevarnos a concluir que no hay democracia ni sistema de elecciones que sea más falsa como la que se vive en Estados Unidos. En ese país todo es una farsa plagada de imágenes que la hacen aparecer ante el imaginario de la opinión pública mundial como el arquetipo de sistema democrático que debiera imperar en el resto de los países del mundo.

Y si bien, no tiene nada de malo que cada país adopte el sistema democrático como mejor lo crea o como mejor le avenga, de ahí a tratar de imponerlo en el resto del mundo, con guerras o sin guerras, hay un gran trecho Ello atenta contra la misma libertad que subyace en cualquier sistema político que se precie de democrático.

A partir de las declaraciones de este gringo quiero retrotraerme a un artículo de mi autoría publicado en distintos medios alternativos hace ya algún tiempo bajo el título “LA DEMOCRACIA, ALGUNAS PRECISIONES”. Por encontrarlo de actualidad e interés, y muy pertinente a propósito de las declaraciones precedentes, me permito reproducir parte de este artículo, con las complementaciones y actualizaciones del caso, para que se entienda en todo su más amplio y mejor contexto:
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Reproducción del artículo:

La gran falacia de la “democracia”, en su fase actual, es que se la ha considerado desde un punto de vista puramente instrumental, desde una visión reductora, alejada de sus principios teóricos fundacionalistas (“gobierno del pueblo y para el pueblo”, “igualdad de derechos”, “elecciones libres”, “participación”, “justicia social”, etc.).

Instrumental, en el sentido que se la mira desde un punto de vista puramente cuantitativo, alejado de sus elementos cualitativos o valóricos. Democracia remitida a una cuestión de simple número, como democracia puramente representativa (y no participativa) ligada a un puro ritual eleccionario, en que la gente sólo es convocada a votar pero no a elegir, lo que la hace desviarse de sus propósitos fundacionalistas más proclamados. Se soslaya que la práctica de los actos eleccionarios, para que vaya a correlato con sus supuestos teóricos más proclamado, exige la expresión del ejercicio de la “voluntad libre” del ciudadano elector; esto es, una voluntad que no sea ni inducida, ni coercionada, ni menos condicionada ni tampoco manipulada.

Sabemos que los supuestos de libre elección atribuibles hoy a la democracia no se cumplen en la mayoría de los países del mundo, siendo más marcada esta imagen en los países del Tercer Mundo. La apologización de la democracia, a la que recurre frecuentemente la clase política contemporánea, no tiene más sentido que inscribirla dentro de aquel contexto intelectual que se ha plegado a las concepciones liberales de hacer política, esto es, orientada a preservar el poder en el ámbito de una elite minoritaria y clasista. Un plegamiento que valora la vida política sólo como una asociación meramente instrumental, cegándose ante la esencial importancia de la participación ciudadana activa en la vida pública.

Considerando las actuales realidades en que se desarrolla y desenvuelve la democracia en el mundo, fijemos la mirada en el propio Estados Unidos, el que según la propaganda es el ejemplo de democracia en el mundo. Una de las mayores falacias e invenciones de la propaganda política, porque… ¿Qué diferencia puede haber en Estados Unidos entre el partido Republicano y el Demócrata?...En estricto sentido, allí todo obedece a un pensamiento similar, no existen opciones diferentes como expresión de lo que debe ser en sí la posibilidad democrática. Es sabido que la democracia norteamericana se encuentra muy lejos del pluralismo político e ideológico que le es intrínseco y consustancial a un proceso verdaderamente democrático, del momento que no existen allí grandes movimientos políticos e ideológicos con una fisonomía marcadamente diferenciada entre unos y otros.

Si se supone que un republicano se distingue de un demócrata, no por las determinaciones básicas de las ideologías que les subyacen, sino por el tono de su agresividad respecto al modo de encarar ciertos temas, sin embargo, ese tono ha resultado ser intercambiable entre uno y otro referente político de acuerdo a circunstancias no previstas y no explicables dentro de una racional lógica política. Valgan como ejemplos, la abortada invasión a Cuba cuya operación fue aceptada, promocionada y financiada por un prominente demócrata como Jhon Kennedy; la Guerra de Corea, iniciada por Truman y terminada por Eisonhower; la sostenida agresión a Vietnam, los acuerdos sobre desarme, el reconocimiento de la República Popular China, etc.

No se puede partir entonces desde un marco puramente reduccionista para explicar o comprender la democracia, del momento que ésta no puede soslayar elementos valóricos de profundidad que la tienen que sustentar. Porque como bien lo ha apuntado Eduardo Saffirio: “quienes sustentan el vaciamiento ético del régimen democrático o su reducción a un simple conjunto de procedimientos neutros, se equivocan respecto de las razones profundas que están tras las instituciones democráticas”. Y no deja de tener razón, si pensamos que una democracia para que sea real, requerirá del acuerdo “consciente” y del apoyo “activo” de los ciudadanos, basado en la persuasión “racional” y no en la “coerción” o “manipulación” como ha estado ocurriendo hasta ahora.

De otra parte, en tanto subsista una multiplicidad de grupos que pueden navegar entre lógicas antagónicas, resulta contradictorio negarles sus derechos a las lógicas minoritarias por el simple hecho que así lo haya determinado una mayoría. Por eso, solucionar la democracia mediante un puro procedimiento de suma y resta aparece hoy bastante mezquina. Y es en este cuadro cuando una democracia más participativa que representativa debe empezar a tomar vuelo.

Delegación y participación; nada de antagonismo sino complemento enriquecedor. La somera enumeración de caracteres distintivos de la democracia, por sí sólo no bastan. Las democracias para que sean plenas requieren, además de otras condiciones, de la participación efectiva de la ciudadanía. Por eso, frente al encandilamiento de las supuestas bondades de la democracia puramente representativa, aquí estamos los que hoy observamos esta modalidad con desconfianza, con conciencia crítica, porque avizoramos e intuimos de algún modo la crisis que se avecina.

Cabe preguntarse hoy, si la implementación práctica de la democracia puramente representativa, ha estado en consonancia con sus fundamentos más proclamados. Porque cuando se proclama la libertad y ejercicio democrático, esto es, sufragio universal, elecciones libres, libertad de palabra, de prensa y de pensamiento, todo ello no son más que bellas palabras para ocultar y enmascarar una realidad distinta. Más aún, cuando nuestras constituciones parten del supuesto de la soberanía popular, ésta no es más que una de las grandes abstracciones. Porque, ¿de qué poder popular se puede estar hablando cuando el pueblo sólo es convocado a votar en las elecciones, pero en la práctica no administra la riqueza social ni participa de un modo directo y decisivo en la gestión y administración de los asuntos públicos y la economía?
 


 

 

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