Viernes 24 de Noviembre del 2017

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“Hasta cuándo llamaremos ‘agenda valórica’a los cambios”

 

“Hasta cuándo llamaremos ‘agenda valórica’a los cambios”

septiembre 8, 2017

Juan Jiménez, sociólogo y profesor de la Academia de Humanismo Cristiano y Universidad de Chile, dice que “los chilenos están preparados” para asumir temas contemporáneos.

Patricia Schüller G.Periodista. Los cambios en una sociedad no son fenómenos aislados que respondan a una dinámica de improvisaciones. Son manifestaciones externas de movimientos más profundos que se gestan en los seres humanos.

No es casualidad que Chile asista hoy a transformaciones que lo ponen a la altura de las naciones desarrolladas y que tendrán un impacto en la forma de vivir y percibir la realidad de las generaciones venideras. Hablamos del Acuerdo de Unión Civil, que data del 2015; un proyecto de ley de matrimonio igualitario, con adopción homoparental, que fue firmado recientemente por el Gobierno y que comenzará a ser tramitado en el Congreso; una ley de interrupción voluntaria del embarazo en tres causales que fue visada por el Tribunal Constitucional (TC), tras ser aprobada por una mayoría en el Congreso, además de la iniciativa -suscrita por la Presidenta Michelle Bachelet- que tipifica como delito la incitación a la violencia por discriminación.

El fenómeno es producto del devenir de los tiempos que muestran a una sociedad chilena más clara en sus demandas, remarca el sociólogo Juan Jiménez, académico de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC) y de la Universidad de Chile. Y también -añade- de la difusa línea que separa actualmente a lo político y social. “Chile no es hoy el mismo de hace 40, 25 ó 10 años”, apunta.

Jiménez vuelve su mirada hacia una década atrás, cuando todavía se respiraban aires de la “revolución pingüina” y el Transantiago iniciaba a tropiezos sus operaciones, para analizar los cambios acaecidos.

“Ese año se produjo un fenómeno interesante: cuando se da el vamos al sistema de transporte público, más allá de si lo vamos a defender o no, el hecho produjo algo que estaba ausente en Chile: el habla social; es decir, la gente se comenzó a enojar parejo y organizó mítines que fueron hasta espontáneos”.

El que la masa sacara el habla concertadamente no lo provocó sólo la empatía que causó el movimiento secundario o la primera etapa del movimiento estudiantil del 2011, remarca. “Se evidenció que este mundo social tenía un hablar propio, y eso fue muy interesante”.

En todo ello se enmarcan los cambios que enfrentamos hoy y que algunos lo denominan simplistamente como la “agenda valórica” de la administración de Bachelet.

Al respecto, el sociólogo dice tajante: “¡Hasta cuándo le vamos a decir la ‘agenda valórica’! El día que dejemos de llamarla así creo que daremos un tremendo salto. Hasta ahora la seguimos mandatando como se le denominó en términos conservadores, porque esta idea es una transmutación idílica de esto que generan los medios de comunicación, los oligopólicos, con la política profesional donde hay ciertos temas que sólo ellos están autorizados para discutir”.

Más que agenda valórica es una nueva política pública en pos de las minorías para terminar con la discriminación.

Claro, para terminar con las desigualdades, la pésima distribución económica, los privilegios, etc.

Según los sondeos de opinión, el 70% de la ciudadanía estaba de acuerdo con la ley de interrupción voluntaria del embarazo, mucho antes de que el Tribunal Constitucional emitiera su fallo. En el caso del matrimonio igualitario, el 60% lo apoya. ¿Están realmente preparados los chilenos para estos cambios?

Los chilenos están preparados para estas transformaciones. El entrampamiento es más bien institucional (se refiere a lo que pasó con el proyecto de aborto que llegó el TC). Así como los chilenos ven a Venezuela como una dictadura, por ejemplo, y que hay un poder político que dejó de funcionar, tomando en cuenta que allá hay cinco poderes, si en Chile, donde hay tres, deja de funcionar uno, no significa que la sociedad dejó de hacerlo, que no come y no respira. Si nos miran desde el exterior algunos se preguntarán: ¿Para qué tienen un Congreso?; ¿por qué tiene que haber un tribunal de jueces que dirima al final lo que no son capaces de resolver?

¿Qué debería hacerse entonces?

Algo que no tenemos: un plebiscito. Si en la Cámara y en el Senado no se ponen de acuerdo, bueno, entonces que lo decida el común de la gente. Así de simple. Lo único que le pasaría a nuestra sociedad (de ocurrir esto) es que los grupos minoritarios, que en este caso son las élites y los espacios más conservadores, se verían sumamente afectados y andarían ‘constipados’”, señala Jiménez.

Falta un poco más de dos meses para las elecciones presidenciales, ¿de ganar la derecha, habría un retroceso con estos avances en materia de políticas públicas que integran a las minorías?

Sin duda que se produciría un retroceso (…) En 30 años más, cuando pase una generación, en la sociedad chilena se entenderá, por ejemplo, que 120 mil jóvenes estudien con gratuidad. El efecto de esta política no es inmediato, se comenzará a visualizar en cuatro o cinco años más cuando estos terminen sus carreras, cuando ingresen al mundo laboral y cuando haya un avance sustantivo en el porcentaje de más alumnos incorporados. Todo esto que ha ocurrido en más de un año no tenemos hoy la capacidad ni el alcance de someterlo a juicio. Que se dé un pie atrás (en estas leyes en un eventual Gobierno de Sebastián Piñera) evidentemente es un retroceso.

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que esa parte de los chilenos que todavía están en contra de la interrupción voluntaria del embarazo o del matrimonio igualitario comprendan realmente el significado más profundo de estas transformaciones?

Más importante que hacer una proyección, es entender que la gente hoy día siente la necesidad de ese cambio. Muy distinto sería que esto fuera con fórceps. Lo del Congreso no refleja la realidad social, eso lo sabemos; muestra la realidad de los partidos, pero no de la sociedad que no está necesariamente representada en ellos. Por lo tanto, un empate técnico político no tiene que ver con un empate técnico social. Los cambios se viven ya como una necesidad.

¿Todos los segmentos de la población están conscientes de la necesidad de estos cambios o ello se hace más evidente en los millenials que tienen más acceso a la tecnología?

No conozco las cifras exactas. Evidentemente, que el segmento joven, el que está más informado, lleva la batuta, pero a nivel popular lo viven como una necesidad. En el sector alto se tiene la misma posición, pero se oculta por una cuestión cultural de negación: “¡Cómo en mi parroquia se van a enterar de que estoy de acuerdo!” (con el aborto).

Uno de los temores en la elección de noviembre es el nivel de abstención. En los comicios municipales ascendió a 65%.

La elección presidencial es una cosa, pero en el otro ámbito (parlamentarias y Cores) es distinto, porque se demostrará un nivel de participación muy alto, menos abstención y esto tiene que ver con la diversificación del mapa político. En los comicios presidenciales la situación es más compleja porque las candidaturas no convencen en términos generales. En la primera vuelta no habrá ganador, el negocio estará en el balotaje.

 

“Nueva correlación de fuerzas al interior del Congreso”

Tú planteas que si no hay acuerdo ni en la Cámara ni en el Senado respecto a un proyecto habría que hacer un plebiscito. ¿Habría que reformular entonces el Tribunal Constitucional, que es una “tercera Cámara”?

Es parte de un modelo copiado y que está muy dispuesto a lo que fue la lógica anterior del binominal (en las elecciones de noviembre debutará el nuevo sistema electoral, denominado proporcional inclusivo). Ahora habrá un cambio que determinará una nueva correlación de fuerzas al interior del Congreso. Viendo en la práctica esta correlación recién nos vamos a dar cuenta de la implicancia de esta transformación.

“Diría que la misión específica que tiene esta ‘tercera Cámara’, diminuta y profundamente ideológica, debiera ir perdiendo cada vez más sentido. La nueva estructura podría orientar su reformulación o desaparición. Con una correlación de fuerzas amplias se podría instalar un plebiscito y no será necesario la utilización de un TC. El miedo que había cuando se configuró (este organismo) era a la participación social. Y lo más curioso es que esto fue hecho con un plebiscito. La Constitución de 1980 fue plebiscitada para no dejar derechos de plebiscito al interior de la estructura”, sostiene.

“Un movimiento muy táctico que sirve para la coyuntura”

¿Qué te pareció el cambio del equipo económico a causa del rechazo del proyecto minero Dominga’?

La lógica de lo que ocurrió es de corto alcance todavía, es un enroque también. Aquí lo gravitante es lo que sucede con el ministro Nicolás Eyzaguirre (ex titular de la Segpres asumió Hacienda en reemplazo del renunciado Rodrigo Valdés) que se transformará en negociador del Presupuesto Público. Eyzaguirre desde el Ministerio Secretaría General de la Presidencia logró ser este puente hacia el Congreso. Desconozco si hay algún problema de fondo en las posiciones políticas, porque también es PPD (Partido por la Democracia, igual que Valdés). Además, lo del ex ministro de Hacienda no era nuevo, a veces se “arrancaba con los tarros”, aunque tampoco era mucho; era híper cauto, pero lo hacían hablar un poco, se soltaba y decía un par de palabras que desacoplaban. En el caso de Luis Céspedes (que renunció a la cartera de Economía) fue una administración bastante poco visible (…) Este es un golpe suave (el cambio de equipo), es un movimiento muy táctico que sirve para la coyuntura, para elevar la aprobación de la Mandataria. A este cambio no le daría tanta importancia política sino que una relevancia técnica.

elsiglo.cl

 

 

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