Martes 23 de Octubre del 2018

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Estrategias frente a la dictadura

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Estrategias frente a la dictadura

 

Estrategias frente a la dictadura

Estábamos convencidos que había que desestabilizar el sistema para que el dictador renunciara, por medio de la movilización del pueblo.

Cecilia Valdés León. Vicepresidenta Nacional del PDC10/018. La estructura de esta presentación tiene estrecha relación con el sector que adscribo, soy Vicepresidenta Nacional del Partido Demócrata Cristiano y milito desde el año 1982.

Para nuestra generación, los nacidos en la década de los 60 fuimos muy críticos con los responsables del violento quiebre de la institucionalidad democrática de nuestro país, algunos por acción, y muchos por omisión que creían que el golpe había sido una solución a lo que se vivía.

Esta generación hizo suya esa responsabilidad, como Jóvenes Demócratas Cristianos, la reacción firme y clara de 16 democratacristianos, que se conoce como “la carta de los 13”, fue un salvavidas permanente para nuestra opción de militar en un partido que tenía una declaración oficial en donde se justificaba el “golpe cívico militar”.

De esta manera se develan dos posturas absolutamente contrapuestas desde el primer día del golpe.

Una que continuaba con su vida, convencida de que la Junta de Gobierno duraría poco tiempo restableciendo el orden y la institucionalidad violentada y la otra que comenzó a articularse con otros para ser oposición al régimen.

En esa articulación tuvieron un rol fundamental algunos de los mismos que habían firmado la Carta de los 13, o tenían la misma posición frente a l dictadura, entre ellos, Bernardo Leighton, Radomiro Tomic, Gabriel Valdés, sobre todo en el ámbito internacional, en donde se buscaba apoyo y generar una reflexión común con otros líderes de partidos opositores.

Este esfuerzo tenía su símil en el país con dirigentes del mundo sindical que veían como las conquistas de los trabajadores eran eliminadas y muchos dirigentes de sindicatos eran detenidos, relegados, asesinados o hechos desaparecer, en ello se destacan líderes de movimientos de trabajadores como los del Cobre y las empresas textiles.

Es en este momento en donde empiezan a reestructurarse clandestinamente los partidos políticos de oposición y la Democracia Cristiana comenzó a reagruparse en diferentes frentes, en el sindical por cierto, con figuras emblemáticas, Rodolfo Seguel, Manuel Bustos y María Rozas, y con jóvenes liderazgos como Guillermo Yungue y Andrés Palma.

Aquí se reflejan nuevamente las dos visiones en el Partido Demócrata Cristiano, la primera que sostenía que había que dialogar con la institucionalidad y la segunda que veía en la movilización social amplia y popular, la forma para presionar a la dictadura. Desde allí surgen liderazgos universitarios a lo largo de todo Chile, bajo la tesis de la movilización social, lograron motivar al mundo social y estudiantil, con un gran movimiento unitario que lograría derrocar al dictador.

Las protestas iniciadas en 1983 por la Confederación de Trabajadores del Cobre, abrió la puerta a la “Estrategia de la Movilización Social”, que habían comenzado los estudiantes años antes, a ello se fueron sumando crecientemente más organización sociales y la vertiente más popular de Iglesia Católica toma un rol protagónico en las poblaciones.

En la Democracia Cristiana, los jóvenes, los estudiantes y los sectores progresistas estaban con esta opción. Estábamos convencidos que había que desestabilizar el sistema para que el dictador renunciara, por medio de la movilización del pueblo.

En este contexto internamente la Democracia Cristiana estaba tensionada, la gran discusión era si seguíamos en la estrategia de movilización social y desestabilización de la dictadura, o nos sumábamos a la tesis de tratar de derrotar al dictador en su propia legalidad, un plebiscito. Nosotros no creíamos que era posible, ya que por una parte los partidos tendrían que confiar en el mismo dictador al que se oponían y habría que inscribirlos en una institucionalidad que para muchos era absolutamente antidemocrática. Por otro lado, en lo político el objetivo del dictador era legitimarse, dándose un seudo baño democrático.

Al igual que otros partidos la Democracia Cristiana tuvo que llevar a votación la inscripción de su propio partido, triunfando la tesis de la inscripción.

Lo cierto es que sin la movilización social permanente unitaria y popular no hubiésemos logrado que se abriera la dictadura a una posibilidad de un plebiscito con garantías mínimas, a pesar que el Dictador estaba convencido que lo ganaría.

Después de ello forzamos a que tuviera que establecer registros electorales con muchas restricciones para la inscripción, pero sin duda eran mejores condiciones que en el plebiscito de 1980. Horarios restringidos, muy lento, algunos días del mes, había que esperar muchas horas para ello, pero el pueblo estaba decidido.

Es este contexto al interior de la Democracia Cristiana, se tenía la convicción de quien liderara a la DC y la naciente Concertación de Partidos por la Democracia, en caso de ganar el NO, sería el próximo Presidente de Chile.

De hecho hubo situaciones absolutamente irregulares como el “Carmen Gate”, que quizás fueron aceptadas por parte de algunos líderes progresistas, para evitar un quiebre en el partido lo que repercutiría en un quiebre de la oposición y la unidad lograda hasta ese minuto.

La unidad que se logró frente al NO fue amplia, en esta estrategia entraron incluso los partidos más proscritos, formando el PAIS, entrando en la institucionalidad y sumándose al NO.

La DC no podía caer en una lucha interna que dañara dicha posibilidad de ganarle al dictador.

Asimismo, esto permitió un acercamiento aún mayor para que se lograra una unidad prácticamente total desde el centro hacia la izquierda, situación que permitiría posteriormente llevar un candidato único y además, entregar gobernabilidad al país, terminando con las esperanzas del dictador de recuperar el poder, apostando a nuestra supuesta incapacidad para ponernos de acuerdo.

Hoy esta necesidad de unidad está más vigente que nunca, los políticos han perdido poder, pero siempre es muy importante como actúan y son examinados día a día por los ciudadanos, son condenados aquellos políticos que no están por la unidad, porque la gente sabe que es la única fórmula para alcanzar las demandas que se les adeudan.

Han surgido sectores nuevos, movimientos nuevos y desaparecido otros, pero la necesidad unidad sigue vigente, porque aún después de 30 años hay mucho que cambiar y hay mucho que avanzar y profundizar.

Aún hay amarres que vienen desde aquel tiempo oscuro de la dictadura y que permanecen, todo ello ha provocado sin duda la movilización social efervescente que vemos continuamente en las calles.

El éxito del NO, muestra el éxito de la estrategia de participación social y popular, por eso es tan importante para los chilenos que lo vivieron, está en el imaginario de los ciudadanos más que cualquier otro mecanismo político electoral.

Para muchos el NO significó terminar con la dictadura y las violaciones a los derechos de las personas y su modelo de sociedad pero también era el sueño de la reconstrucción de una nueva nación, con derechos garantizados, con una nueva carta fundamental, con igualdad, tolerancia respeto e inclusión.

Sin embargo y es un sentir colectivo, que falta para estar completos, se terminó con la dictadura, pero se heredó la institucionalidad y el modelo económico.

Y es precisamente esa fisura, la que ha ido erosionando la relación entre los ciudadanos y la política porque el tiempo que ha esperado el pueblo ya es más que suficiente y ello se ha demostrado con las movilizaciones masivas desde el 2011 hasta ahora.

Por ello se torna como algo indispensable, lo que siempre hemos sabido pero no hemos sido capaces de cambiar, tenemos que contar con una nueva Constitución, participativa en su construcción, porque ahí se concretaría la verdadera refundación de Chile y por otro lado se restablecerían nuevas relaciones entre la política institucional y la sociedad.

Foto: Memoria Chilena

 

 

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