Miercoles 12 de Diciembre del 2018

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Los que no necesitaron Twitter o reality para protestar

Los que no necesitaron Twitter o reality para protestar. La batalla de pobladores, trabajadores, estudiantes, los sabotajes y las masivas Jornadas de Protesta Nacional en contra de la dictadura. En plena dictadura cívico militar los pobladores y pobladoras supieron marcar una vital diferencia con las situaci


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Los que no necesitaron Twitter o reality para protestar

 


Los que no necesitaron Twitter o reality para protestar

La batalla de pobladores, trabajadores, estudiantes, los sabotajes y las masivas Jornadas de Protesta Nacional en contra de la dictadura.

Yani Aguilar Paulsen. Periodista. 04/10/018. En plena dictadura cívico militar los pobladores y pobladoras supieron marcar una vital diferencia con las situaciones de represión que estaban sucediendo en el país, detenciones selectivas, encarcelamientos, torturas, relegaciones, expulsiones de toda persona que, estremecida por la violencia dictatorial, se opusiera a ella. Eran hechos de exclusión social y política, y también de crisis económica, calificados de graves por la comunidad internacional.

Ellos, vecinas y vecinos de diversas poblaciones, no se quedaron en sus casas a esperar que surgieran acuerdos cupulares para el término de la dictadura o que la democracia les llegara en bandeja a través de un Twitter o un reality de la televisión. No fue así. En la década de los ’80, las masas populares chilenas se tomaron el derecho a la rebelión y actuaron con valentía en un ciclo de protestas callejeras que explotaron entre los años 1983 y 1986 con acciones de movilización reconocida como la experiencia social y política más relevante del Chile de finales del siglo 20 y que más tarde llevarían a la recuperación de la democracia.

En ello hubo un papel protagónico de estudiantes universitarios, trabajadores, mujeres, pobladores y militantes de diversidad de colectividades políticas. También de aquellos que recurrieron a las armas para resistir a una dictadura que dejó más de 4 mil ejecutados políticos y detenidos desaparecidos.

Wikipedia reconoce las Jornadas de Protesta Nacional de esos años y su efecto social y político, señalando que éstas “cambiaron la mentalidad de muchos chilenos y posibilitaron que las organizaciones y movimientos de la oposición pudieran darse con fuerza en el plebiscito de 1988”.

Se trató de las más extensas acciones de lucha y resistencia, surgidas algunas espontáneas y otras programadas en el seno del mundo poblacional fundamentalmente, en tanto el mundo sindical continuaba siendo duramente golpeado. En febrero de 1982 asesinan al dirigente sindical Tucapel Jiménez y en diciembre de ese mismo año, expulsan del país al presidente de la Coordinadora Nacional Sindical, Manuel Bustos, y al presidente de la Confederación de la Construcción, Héctor Cuevas.

Si hubiese que indagar lo que fueron esas acciones de protesta y conocer a quienes las protagonizaron, habría que considerar los testimonios de miles de personas anónimas que acudieron al llamado a rebelarse que hiciera entonces el Partido Comunista con su política de Rebelión Popular de Masas, usando todas las formas de lucha para realizarla, y las exhortos de otros partidos de izquierda a organizarse y movilizarse, como el Partido Socialista, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, la Izquierda Cristiana, la Democracia Cristiana, entre otras colectividades.

Entre la sobrevivencia y los riesgos de luchar

Junto con la acción de protesta callejera, también habría que reconocer a los cientos de dirigentes de organizaciones poblacionales, hombres y mujeres que buscaron resolver problemas de sobrevivencia económica de sus comunidades de base, con talleres laborales, ollas comunes, iniciativas como el “comprando juntos” para darle de comer a cientos de familias que no tenían ingresos a causa de la cesantía.

En 1985, el 25% de la población estaba sin trabajo tras el desplome del boom económico liberal que estalla en 1981. La población se organizó en talleres artesanales, grupos de salud, centros culturales, entre otras expresiones populares que dieron organicidad y representatividad cuando los partidos políticos estaban proscritos. Una fuerza de representación que sólo en las comunas del Gran Santiago llegó a ser de 1.300.000 pobladores.

La lucha de rebeldía que se batió en las calles removió a mucha gente que se atrevió a correr demasiados riesgos ante una dictadura sangrienta, y fue estimulada por “héroes anónimos” y también por militantes de los partidos de izquierda que supieron comprometerse con una postura ética ante los sucesos del país.

Puede parecer ilusa la reminiscencia para quienes se movilizan en el Chile de hoy, que salen a marchar y luego pueden volver tranquilamente a sus casas, tomar el transporte público, portar la bandera de su partido o a viva voz la consigna del momento en las redes sociales. En cambio, las jornadas de protesta de los ’80 dejaron saldos de muertos, heridos, detenidos y relegados. Fue la osadía como respuesta al miedo a la represión.

Marcha por el 8 de marzo y Contra el Hambre

Las Jornadas Nacionales de Protesta fue el apelativo con el que se hicieron conocidas las movilizaciones formalmente convocadas, no obstante que proliferaron otras manifestaciones multitudinarias en distintas zonas de la Región Metropolitana y también en algunas regiones, las que fueron verdaderas acciones heroicas donde miles de pobladores, estudiantes, jóvenes universitarios, mujeres, cesantes, hasta niños, se atrevieron a romper el cerco de la exclusión política, dispuestos con coraje a hacer un rayado, poner miguelitos en las calles, encender neumáticos o quemar “mangas” para el corte de calles.

Las movilizaciones populares comenzaron de forma sistemática a partir del 8 de marzo de 1983, cuando se conmemoró de forma masiva el Día de la Mujer, y luego el 24 de ese mismo mes se convoco a la segunda “Marcha contra el Hambre” (la primera había sido en agosto de 1982).

A partir de entonces, se sucedieron mes a mes grandes movilizaciones que iban escalando en intensidad y duración. El 11 de mayo fue la Primera Protesta Nacional, hubo cacerolazos, cadenazos (cadenas lanzadas al alumbrado público para producir cortes de luz), barricadas, gente que salió a defenderse con piedras, y en algunos casos también con molotov. Salieron los jóvenes, las mujeres, los cesantes, los niños, toda la familia, los curados, hasta los “volados”. No había distinción. Y las formas de protestar que halló cada quien fue genuina: bocinazos, reuniones tipo, actos culturales, ausentismos laborales, etc.

Vencer el miedo era lo más importante, temor también a que los vecinos o los colegas de trabajo identificaran a los manifestantes y quedar al descubierto de ser opositor al régimen. Lo habitual era que después de cada protesta, carabineros, militares y agentes encubiertos de la CNI allanaran las poblaciones o entraran a los hospitales buscando a los rebeldes. El saldo de la primera protesta fue 2 muertos, 50 heridos y 300 detenidos.

Las Jornadas de Protesta

En la Segunda Protesta, el 14 de junio de 1983, los pobladores ya conocían un poco más a quienes los apoyaban en las acciones callejeras, a los dirigentes y luchadores más avezados que sabían preparar barricadas con neumáticos y cortar el tráfico vehicular en una arteria principal. Muchos de estos rebeldes se formaron en clandestinidad y se prepararon militarmente para las acciones de autodefensa.

La Tercera Protesta se convocó para el 12 de julio y los ánimos y la mística iba muy en alto. El saldo fue de 4 muertos. La Cuarta Protesta tuvo jornada doble, el 11 y 12 de agosto, con gente en las calles protestando, y fue también la más cruenta que se recuerde con un saldo de 29 muertos, cientos de heridos y miles de detenidos tras la represión de 18 mil efectivos de fuerzas especiales con que Pinochet ordenó copar las calles de Santiago.

Estos militantes de izquierda, que eran lo más audaces, se transformaban así en combatientes clandestinos asumiendo tareas más arriesgadas y de autoprotección. Colocaron bombas de ruido en calles aledañas para proteger a los que protestaban en el centro, también pusieron cargas de explosivos en los postes del barrio donde salían las vecinas movilizadas, hicieron apagones con cadenazos en los postes de electricidad y transformadores de la luz, y lanzaron miguelitos para detener la tropelía de carros lanzaguas y “zorrillos”. Los pobladores, los Comités sin Casa, de cesantes, los trabajadores de la cultura, todos ellos los aplaudían y agradecían la valentía de estos combatientes, porque encendían el espíritu del combate popular.

El 9 de septiembre fue la Quinta Protesta y duró 4 días. El saldo fue 15 muertos, 400 heridos y 600 detenidos. Y la Sexta Protesta el 11 de octubre del mismo año, cada vez con manifestaciones más violentas donde se usaron molotov, miguelitos, piedras y barricadas. Expresiones concretas de cómo el pueblo de Chile interpretó el llamado a la desobediencia civil.

Un mes después, Sebastián Acevedo, quien tenía a sus hijos presos y siendo torturados por participar en una protesta en Concepción, se auto inmoló frente a la Catedral de esa ciudad impactando a quienes presenciaron la desesperada medida.

Ya en 1984 las movilizaciones daban cuenta de cómo habían crecido las fuerzas de resistencia, ahora mejor preparadas para la autodefensa. Las noticias reseñaban las acciones audaces y llamativas de jóvenes que integraban el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. En mayo de ese año el Gobierno dictó la ley antiterrorista con lo que las acciones legitimadas de protestas pasaron a la categoría de delitos terroristas.

El 30 de octubre se lleva a cabo el Paro Nacional y el régimen militar declaró estado de sitio por 6 meses. Durante ese período, la Comisión Chilena de Derechos Humanos registró: 25 muertes en ejecuciones, falsos enfrentamientos; 69 homicidios frustrados; 18 operativos a sedes sociales, políticas y culturales;  más de 34 mil detenciones por razones políticas; 633 relegaciones; allanamientos a 18 campamentos; encarcelamiento de dirigentes; 46 secuestros e innumerables casos de amedrentamiento.

Sabotajes y resistencia

Pocos años antes hubo pequeños sabotajes, como cortes de luz, uso de explosivos de ruido, y cortes del flujo vehicular, que contribuyeron a preparar el estado de ánimo para la rebeldía en las poblaciones y en centros universitarios en los años que siguieron. Los llamados apagones, que se hacían con cadenas que se lanzaban al alumbrado público o atentados a torres de alta tensión y producían cortes de luz en amplias zonas, alentaron a la gente salir a las calles, o desde sus patios y balcones hacer sonar sus cacerolas sin ser vistos. El primer apagón llamativo, que implicó operaciones de mayor envergadura  fue la voladura de torres de alta tensión ocurrido en noviembre de 1980 que dejó a oscuras tres ciudades, Santiago, Valparaíso y Viña del Mar.

Los héroes anónimos usaron mucha inventiva e ingenio para preparar artefactos caseros con los que los manifestantes podían actuar por mayor tiempo y seguros de no ser apresados por las fuerzas policiales, o bien generar un ruido distractor en una esquina para protestar en otra. Escribieron recetas de bombas caseras en grafitis en los baños de las escuelas, las mismas que hoy se pueden encontrar fácilmente en un tutorial de Internet.

En este reportaje simulado, habría que encontrar a esos jóvenes pobladores y universitarios de distintas carreras y procedencias, que con pura imaginación y arrojo creaban un “armamento” casero para motivar al resto de la población. Crearon boletines de propaganda, impresos en mimeógrafo y en papel roneo. Salieron por las noches a pegar carteles en los muros, lanzaron panfletos con consignas y llamados a rebelarse contra la dictadura.

Lo que sigue hasta las postrimerías de los ‘80 es un incremento de los grados de represión de la dictadura y también de las acciones de resistencia antidictarorial del pueblo chileno.

Las Jornadas de Protesta de 1986, el 2 y 3 de julio, junto con ser muy masivas, donde además se paralizó el país, también se produjo uno de los más feroces ataques contra compatriotas cuando los represores queman vivos a Rodrigo Rojas, quien fallece, y Carmen Gloria Quintana que sobrevivió con 75% de su cuerpo quemado. La movilización nacional de ese día fue un hito por el nivel de unidad y coordinación política y social que se alcanzó entre las fuerzas y sectores de la oposición a la tiranía.

En definitiva, el impulso de luchas multifacéticas impulsadas sobre todo por partidos de izquierda, las batallas sociales y democráticas protagonizadas por organizaciones de trabajadores, pobladores, estudiantes y mujeres, la unidad de las fuerzas antidictatoriales, lograron catapultar a una situación que incidió de manera determinante en el triunfo del NO en el plebiscito de 1988, que llevó a la primera etapa de la recuperación democrática en los año ‘90.

Foto: resumen.cl

 

 

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