Miercoles 12 de Diciembre del 2018

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Fallo La Haya: el conflicto no se acaba con el dictamen

 

Fallo La Haya: el conflicto no se acaba con el dictamen

Hay una necesidad del pueblo boliviano que debe ser atendida. Hacer caso omiso, perjudica a Bolivia, a Chile, y al conjunto de América Latina.

Núcleo de Integración Latinoamericana de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano02/10/018.  Cuando nos tocó viajar a Bolivia en junio de este año, cruzamos por el paso Chungará en dirección a La Paz, y vimos un espectáculo que a juicio del ex canciller, Heraldo Muñoz, era parte del cotidiano: doscientos quince camiones a cuatro mil metros de altura esperando en la aduana durante uno, dos o más días, el permiso para llegar al puerto de Arica y embarcar los productos bolivianos. Esta constatación contrastaba con el discurso repetido sobre las facilidades extraordinarias otorgadas a las exportaciones bolivianas, por parte de las autoridades chilenas.

Este hecho vino a la memoria mientras escuchábamos el fallo emitido por la Corte Internacional de Justicia este lunes. ¿Qué pensarán esos camioneros varados en medio del altiplano, en pésimas condiciones, ahora que las posibilidades de conseguir libre acceso se han esfumado?

Este fallo significa que Bolivia pierde, al menos en el corto y mediano plazo, la posibilidad de negociar y mejorar las condiciones que Chile le impone para acceder al mar; no tanto por las intenciones que tendrá nuestro país vecino de mejorar las relaciones, sino por la postura de intransigencia que probablemente adoptará nuestro país frente a estos temas.

Creemos que este fallo no nos beneficia, más por el contrario, será un aliciente para que el conflicto se dilate por tiempo indefinido. Y es que la postura del Estado chileno y la clase dominante no terminan de entender que este conflicto para Bolivia no es producto de la exaltación de un patriotismo banal, ni de los intereses de tal o cuál Gobierno para ganar adeptos; es una condición que trasciende en el tiempo y que subyace a tendencias coyunturales.

La pregunta que deberíamos hacernos los chilenos, y más concretamente la izquierda chilena, es cuáles serían los beneficios para Chile de entregar mar con soberanía a Bolivia.

El Premio Nacional de Humanidades, Manuel Antonio Garretón, nos entregó una respuesta a esta pregunta, señalando que Chile volvería, con este hecho, a reintegrarse a la comunidad latinoamericana; dejaría de pensarse como “un buen país en un mal barrio”, como han dicho algunas de nuestras autoridades. El mismo Garretón hace hincapié en una cuestión que en las circunstancias actuales hay que tener presente: la reivindicación marítima boliviana se sostiene en un principio que está por sobre el derecho, que es la justicia. Es por este principio que considera necesario otorgarle mar con soberanía a Bolivia.

Otro premio nacional, de Literatura, que reflexionó al respecto, Raúl Zurita, nos mencionaba que la solución de este conflicto nos entrega la oportunidad de percibir el patriotismo de otra manera, ya no del modo beligerante y soberbio respecto de las escasas victorias militares, sino entendiéndonos como un país generoso, que releva el diálogo y el entendimiento por sobre la imposición y la fuerza.

Porque no nos engañemos, el sentido común que se ha  venido instalando durante los más de cien años que nos distancian de la Guerra del Pacífico, insiste en el heroísmo de las campañas militares y de sus figuras más destacadas, lo que ha encendido conscientemente en el seno de nuestra sociedad el desprecio frente a nuestros vecinos del norte. Lo curioso y lo trágico de este sentimiento, en palabras de otro premio nacional (Ciencias Sociales) con quien nos entrevistamos, Tomás Moulian, es que la guerra en la cual se sostiene, es de tipo comercial, capitalista; no es una gesta nacional como se ha planteado, por ejemplo, el proceso revolucionario independentista, sino que responde a intereses foráneos en alianza con elites nacionales, quienes por medio de la manipulación mediática transformaron un problema que involucraba sus intereses de clase en una “cuestión nacional”.

Mencionamos todo lo anterior porque creemos que es necesario no perder de vista, dadas las circunstancias del actual fallo, que el conflicto no se acaba con el dictamen de la Corte Internacional.

Si bien no existe jurídicamente una obligación de negociar una salida al mar con soberanía para Bolivia, hay una necesidad de parte de dicho pueblo que debe ser escuchada y atendida. Hacer caso omiso de dicha necesidad perjudica no sólo a Bolivia, no sólo a Chile, sino al conjunto de América Latina, pues este escollo dificulta la integración y la constitución de un bloque latinoamericano que sea capaz de dialogar como tal en el concierto internacional.

Creemos, por lo tanto, que la izquierda, que históricamente ha abogado por la integración y la hermandad de los pueblos latinoamericanos, no puede celebrar el dictamen de hoy. Los partidos políticos de izquierda y los movimientos sociales, deben asumir un rol activo en las futuras conversaciones con nuestro país vecino, y no mantenerse al margen de la discusión por lo impopular del tema.

Es necesario asumir una postura crítica, abrir nuevas perspectivas de dialogo, y no encerrarse en atavismos que nos homogenicen con los sectores más conservadores de nuestra sociedad. Se trata de poner en práctica las convicciones que la han caracterizado desde sus orígenes. El llamado es a adscribir tal como lo planteaba Luis Emilio Recabarren: “Amar a la patria, amando la patria de los otros hombres, es amar a la humanidad (…) eso es el patriotismo socialista. Amando a las patrias ajenas, si así podemos hablar, conquistaremos el amor de los patriotas de los otros países para nuestra patria. Odiar la patria ajena, es provocar el odio para nuestra patria. Yo no quiero que nadie odie mi patria, por eso amo la patria de todos ¡Así amamos la patria!”.

 Foto: Contrainjerencia

 

 

 

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