Jueves 15 de Noviembre del 2018

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Brasil: el candidato del mal

 

Brasil: el candidato del mal



Según Bolsonaro, Pinochet “debió matar a más gente”. Se suman sus dichos misóginos, homofóbicos y sus lazos con la ultraderecha estadounidense.

Hugo Guzmán. Periodista. En una entrevista a la revista brasilera Veja, Jair Bolsonaro, candidato ultraderechista a la presidencia de Brasil, aseveró que la dictadura de Augusto Pinochet “debió matar a más gente”. El periodista Simon Romero, del The New York Times, escribió sobre el episodio donde Bolsonaro alabó al Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, por aplicar torturas -junto a subordinados- a militantes de izquierda, entre ellos a la ex presidenta Dilma Rousseff. El actual diputado por Río de Janeiro, afirmó en otra entrevista que el error que cometió la dictadura militar brasileña fue “torturar y no matar” a los adversarios del régimen.

Bolsonaro tuvo un encontrón con la dirigenta del Partido de los Trabajadores (PT), Maria do Rosario, respecto a la forma de encarar el delito de abuso sexual y violación, y ella le dijo que era “un violador”. Ante eso, el ahora aspirante presidencial le contestó diciendo “tú no mereces ser violada…eres muy fea”.

En varias ocasiones este político de la ultraderecha brasilera se refirió a temas de diversidad sexual y derechos humanos. Por ejemplo, manifestó que “si veo a dos hombres besándose en la calle, les voy a pegar”, que “sería incapaz de amar a un hijo homosexual” y espetó que “el 90% de los hijos adoptados (por matrimonios entre personas del mismo sexo) van a ser homosexuales y se van a prostituir, con seguridad”. Y sobre el segundo tema, tiene conceptos como que “los derechos humanos en Brasil sólo defienden a bandidos, violadores, marginales, secuestradores y hasta corruptos”.

Es parte del perfil ideológico y ético del candidato del Partido Social Liberal (PSL) que, según sondeos, tiene una preferencia entre el 18 y el 24 por ciento de los votos, lejos de al menos el 50%, pese a lo cual podría ser el próximo Presidente de Brasil.

Perfil de miedo

Las afirmaciones y comportamiento de Jair Bolsonaro, llevan a analistas, periodistas y contrincantes a definirlo como un tipo ultraconservador, homofóbico, misógino, golpista, negacionista de derechos humanos, nacionalista, arrebatado y torpe. Alguna prensa lo llamó “el Donald Trump de Brasil”. Es, al mismo tiempo, un férreo partidario de “la economía de libre mercado”, del modelo neoliberal y apoyar a la banca y a las grandes corporaciones de grupos económicos hegemónicos. Es crítico feroz de las políticas sociales desarrolladas por los gobiernos del Partido de los Trabajadores.

En estas semanas, medios brasileros y extranjeros recuerdan la defensa de Bolsonaro a las dictaduras de su país y de Chile, la defensa del uso de armamento de latifundistas para defenderse de ocupaciones del Movimiento Sin Tierra, su reivindicación de la castración química de violadores y su total oposición a derechos ciudadanos de personas LGBTI, (Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales, Intersexuales).

El candidato viene del Ejército, donde llegó apenas a ser Capitán. Ahí también se pudo conocer su carácter y postura ante las instituciones. Fue investigado por planear ataques explosivos a un oleoducto y cuarteles militares, por estar en contra de las condiciones al interior del Ejército y exigir aumento salarial.

Por todos esos episodios a lo largo de sus 63 años de vida, el que quiere ser mandatario de Brasil, ha estado investigado, procesado y obligado a pagar altas multas en dinero.

Además, presenta una hoja de vida partidaria que da cuenta de inestabilidades y contradicciones. Pasó por el Partido Social Cristiano, anduvo en el Partido Progresista, se acercó al Partido Ecológico Nacional y terminó en el Partido Social Liberal que lo tiene de aspirante a la presidencia. En todo ese andar, Bolsonaro tuvo fuertes enfrentamientos con dirigentes políticos y parlamentarios, en disputa de posiciones de poder.

Vínculos con la ultraderecha estadounidense

De acuerdo con analistas y seguimiento en los pasillos de la diplomacia, es conocido que Jair Bolsonaro es el candidato del Gobierno de Estados Unidos y de los sectores de la ultraderecha estadounidense. De inicio, sus posturas son harto coincidentes con las del Presidente Donald Trump.

Hay una razón central, además. Y es que en la Casa Blanca quieren impedir a toda costa que en Brasil -país poderoso en la región- vuelvan a gobernar políticos del perfil de Dilma Rousseff o de Inacio “Lula” Da Silva. El Departamento de Estado en particular, lleva un monitoreo en la región y a través de sus embajadas hace esfuerzos por incidir para que, sobre todo, en países como Brasil, Argentina, México, Venezuela y Colombia, no gobiernen sectores progresistas o de izquierda. En ese trazado, el que quede en la presidencia brasilera Bolsonaro, es un triunfo para los gobernantes estadounidenses.

Específicamente para el Partido Republicano, que lleva una suerte de batuta en afianzar lazos con la derecha latinoamericana y respaldar gobiernos conservadores. Algo que se habla poco en la prensa local latinoamericana.

Jair  Bolsonaro es un ejemplo de aquello. Se saben de sus viajes a Estados Unidos y sus encuentros con los republicanos y personeros conservadores, en el objetivo de estrechar los vínculos, establecer tácticas comunes e inclusive, según algunos reportes de prensa, recibir apoyos financieros y políticos.

En ese camino, uno de los aliados firmes del candidato ultraderechista es el congresista anticomunista del Partido Republicano, Marco Rubio, con el cual no solo estableció una coincidencia política estrecha, sino una amistad sincera que se mantiene hasta hoy. En Estados Unidos, Rubio es el vocero y el apoyador de Bolsonaro.

En un despacho de Luis Alberto Rodríguez de Los Ángeles Press, se indicó que “el más reciente encuentro registrado entre ambos dentro de EE.UU., ocurrió en marzo de 2018, cuando almorzaron en la casa de Rubio y se quedaron charlando por espacio de cuatro horas, en privado. Por supuesto, a solicitud del anfitrión, no se tomaron fotos ni se hicieron comentarios al respecto”.

¿A qué acuerdos llegaron Marco Rubio y Jair Bolsonaro? ¿Qué apoyo ofreció el congresista estadounidense al candidato brasilero? ¿Son convenientes ese tipo de encuentros en medio de una disputada elección presidencial?

Es conocido que los políticos conservadores estadounidenses y miembros del Gobierno de EU, prefieren no mostrar a la opinión pública la influencia que ejercen sobre políticos latinoamericanos ni menos las ayudas financieras, diplomáticas y en información que les dan.

Sin duda, hay un cuadro conflictivo y cuestionable en torno del candidato brasilero ultraderechista, que se acentuó con las interrogantes respecto al atentado con un cuchillo que sufrió durante una actividad de campaña. Un par de días después, Bolsonaro se sacó fotos y permitió que lo filmaran en la cama del hospital, con oxígeno e instrumentos médicos, levantando sus dedos en señal de triunfo. Y claro, subió algunos puntos en las encuestas después del ataque.

En unos días Jair volverá a la campaña -que en verdad nunca dejó- y tiene posibilidades de ganar electoralmente. Con todo lo que se sabe de él, más que incertidumbre, está claro que si llega al Palácio do Planalto, lo que habrá en Brasil es un presidente ultraconservador, homofóbico, misógino, violento y neoliberal.

 

 

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